Hoy vamos a analizar esa frase que venimos repitiendo desde que tenemos memoria.
Les hablo a los creyentes en "Dios", digamos. A los "creyentes", pero no tan seguros. Y a los no creyentes pero que repiten la frase de todas maneras, por las dudas... o por costumbre ancestral, aunque ni se dan cuenta que la dicen o por qué la dicen; y a pesar de que estimo altamente improbable que estos últimos se interesen o lean lo que escribo.
A ver... veamos...¿Qué concepto de Dios tienen los que sí creen que es Dios quien decide si harán esto o aquello con seguridad, o sólo "si Dios quiere"? Lo más factible es que vean a Dios como un Ser que emplea su ubicuidad, omnipotencia y todos sus demás atributos innegables en estar pendientes de nuestros
pensamientos, palabras y actos, decidiendo -luego y por lo tanto- qué corresponde que hagamos o que pase, y qué no. Y allí reside el error.
Antes de entrar a analizar si Dios realmente hace esto o no, deberíamos afinar un poco el concepto que tenemos de Él. Y previamente, deberíamos considerar que el ser humano es suficientemente soberbio como para tratar de comprender las "actitudes" de Dios, digamos. Inclusive si las tiene o no.
A este respecto, yo diría que es absolutamente imposible para una mente finita, de 3a. Dimensión, entender perfectamente qué o quién es Dios, qué hace, qué no, qué pretende, y cómo actúa. Pero, sopesando que el ser humano tiene por naturaleza -y ponderando su esencia álmica, espiritual- una necesidad intrínseca de conocer a Dios o un ser superior a él, vamos a estimular nuestros cuerpos mental y emocional, a fin de obtener un concepto de Dios un poco más ajustado a la realidad, aunque por ahora, desde este plano de conciencia sólo sea un atisbo de la verdad mayor.
Dios, la Fuente, el Padre, o como queramos llamarle, es enigmático, insondable; es decir que es, desde una conciencia de 3D, imposible de comprender o conocer en su totalidad. Deberemos, por consiguiente, conformarnos con esbozar una idea de Él que se aproxime a la realidad, quizá percibida por un dictado de nuestro Yo Superior, quien siempre nos traduce la Verdad Mayor de un modo que resulte asequible a nuestro entendimiento/nivel de la conciencia en cada momento que contactamos con él. Ya que nuestra conciencia está en permanente expansión, y lo que ayer no comprendíamos, puede que hoy o mañana nos haga un "click", asombrándonos o apareciendo como lo más natural.
Visto de este modo, yo diría que Dios es indefinible e inexpugnable, en todas las acepciones de esta palabra: 1)No puede ser tomado o conquistado; es invencible, invulnerable; 2)No se deja vencer ni persuadir, y 3)Es de difícil acceso. Pero es seguro que nos ha dado libre albedrío y sólo se expresa en nosotros. Somos -cada uno de nosotros- un vehículo suyo, que actúa con total libertad e independencia; ejerciendo, justamente, su libre albedrío. Siendo ello así, no deberíamos suponer o pensar que está pendiente de lo que nos ocurra o hagamos.
Por otra parte, cierto es que cuando decimos la frase en cuestión ignoramos, no sólo que Dios no interviene en nuestras decisiones, sino que eterna, constantemente, están actuando las Leyes Universales; entre ellas la de Causa y Efecto, la cual sí determinará lo que nos ocurra; la Ley de Mentalismo, por la cual creamos permanentemente nuestra cotidiana realidad, presente y futura; la Ley de Correspondencia: "Como es arriba es abajo" y viceversa, es decir que siempre hay una correspondencia entre las Leyes y las manifestaciones de las diversas situaciones del ser y de la vida. Arriba quiere decir en lo invisible, lo mental y lo espiritual; y abajo significa en el Plano material, en lo visible, en las condiciones humanas. Este Principio es uno de los más importantes auxiliares de la mente, porque nos permite descubrir lo que es desconocido o invisible a nuestros ojos por medio del razonamiento inteligente, que nos induce desde lo conocido a lo desconocido. También tendrá incidencia en nuestras vidas (lo que nos ocurra o simplemente ocurra) la Ley de Vibración, ya que de nuestra frecuencia vibratoria deviene TODO lo que nos ocurre, sin desestimar las frecuencias vibratorias de quienes nos rodean, de quienes nos rodeamos y/o elegimos rodearnos. TODO VIBRA, por lo tanto, desde los colores que seleccionemos para vestirnos o tener diario contacto, hasta los lugares y personas que escojamos para frecuentar, todo, todo, todo, será lo que finalmente -por la actuación de esta Ley- determinará los resultados. Como vemos, y para no extender más este tema -aunque todas las Leyes Universales tienen alguna incidencia en lo que puede o no ocurrir u ocurrirnos- en modo alguno Dios decide por nosotros. Su dádiva del libre albedrío es uno de los regalos más grandes que nos ha entregado.
Siendo ello así, propongo que nos hagamos cargo absolutamente de nuestras causas -aquello que pensamos, decimos y hacemos- para no tener que delegar en Dios los efectos, eximiéndonos de toda incumbencia. Ya que, por otra parte, Él no está dispuesto a aceptar, seguramente, esta delegación. Tenemos que ser responsables absolutos, los únicos dueños, de nuestros actos, pensamientos y palabras. Porque las Leyes actúan inexorablemente y nos devuelven, como resultado, los efectos de nuestras -únicamente nuestras- causas.
Personalmente trataré de modificar esta mala costumbre de decir: "Si Dios quiere". Absurda, por otra parte, considerando que ya sabemos perfectamente que:
La Voluntad de Dios es Buena.
La Voluntad de Dios es Luz.
La Voluntad de Dios es Felicidad.
La Voluntad de Dios es Paz.
La Voluntad de Dios es Pureza.
La Voluntad de Dios es Equilibrio.
La Voluntad de Dios es Bondad.
Por lo tanto: si algo no resulta según lo deseado o planeado, JAMÁS PUEDE ATRIBUÍRSELE a la Voluntad de Dios.
Les abrazo con mi Luz de Amor,
Bersida
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