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sábado, 5 de noviembre de 2016

YO SOY UN ESPEJO


¡Qué diferencia nos muestran estas dos imágenes! ¿No?

Por eso recuerda siempre: Yo soy un espejo; soy un ejemplo. Según lo que yo haga, eso harán los demás.
 
Es muy importante lo que expreses continuamente con tu actitud y con tu corazón. De hecho, es importantísimo que lo que expreses parta de tu corazón. De esta forma nunca habrá lugar para equívocos o interpretaciones erróneas de lo que realmente quieres transmitir.
Cuando es el corazón el que habla, no tienes que elegir las palabras adecuadas; no tienes que tener reservas. Es decir, guardar en tu interior una parte de lo que piensas y decir el resto ¡No! Di todo lo que piensas y sientes. Tu corazón sabe cómo expresarlo, y jamás se equivoca. En esta sociedad en que vivimos, a esta forma de manifestarse ante otros se le llama "transparencia". A simple vista parece una utopía. La espontaneidad y sencillez se ha ido disfrazando lenta y gradualmente hasta llegar a las formas habituales y cotidianas de hablar, de conectarnos con los demás. Y la razón principal de este uso de eufemismos, buscando la palabra "más adecuada" para quedar bien, tiene origen, mayormente, en el "qué dirán". Nadie quiere quedar ante los demás como mal educado, chabacano, vulgar, etc. Pero también hay -infinidad de veces- motivaciones tales como el miedo a ser juzgado, miedo a dar a conocer lo que nos pasa, o -sólo- no nos interesa que la otra u otras personas nos conozcan tal y como somos. No somos "transparentes", realmente; ni hablamos desde el corazón. Eso por un lado.
Desde otro punto de vista, no vemos que somos un espejo frente a nuestro interlocutor. Verdaderamente, si sonreímos él nos sonríe; si gritamos él nos grita; si hablamos bajo, él habla bajo; si discutimos, él se pondrá -probablemente- a la defensiva si el asunto es personal y se siente agredido, e intentará defenderse, o, de lo contrario, adherirá a la discusión -casi seguramente y de inmediato- generándose una polémica. 
No voy a analizar las causas de estas reacciones humanas porque eso atañe a la psicología, y no es relevante para el tema que estamos tratando. Lo que importa resaltar aquí es que con nuestra actitud estamos generando una causa, la cual -lógicamente- producirá un efecto tal, que deberíamos examinar antes de producirlo para no tener que lamentarnos luego. O, lo que sería peor, sobre todo en caso de discusiones o desacuerdos, echarle la culpa al otro, cuando simplemente sintiendo en el corazón y expresándonos en consecuencia, podríamos evitarlo.
Lamentablemente, hay en muchos de nosotros una programación muy utilizada a lo largo de la vida, que nos lleva a actuar casi siempre de la misma forma, bajo la remanida excusa "yo soy así". Y de eso quiero hablar. Las programaciones son como mandatos, que nos llevan a proceder siempre del mismo modo, aunque no nos gusten los resultados. Parece que esto fuera imposible de modificar. Y fíjense que no es así. De la misma forma en que no estamos acostumbrados a prestar atención a lo que nos dicta el corazón (o Yo Superior, voz interior, voz de la conciencia, o como quieran llamarle) sino que obramos según los dictados de la mente o intelecto, y ahora nos vemos -frente a los cambios energéticos que estamos experimentando- precisados a dejar la mente a un lado y escuchar y expresar lo que nuestro verdadero Ser quiere decir; tenemos que estudiar detenidamente las actitudes "programadas" y resetearnos. Quiero decir: a medida que vamos descubriendo los errores en los cuales caemos repetidamente, no por propia decisión y voluntad, sino por costumbre, convicciones o puntos de vista equivocados, etc., ir trabajando cada uno hacia lo que conscientemente consideramos de más alta vibración.
La cuestión del espejo que es el otro (nuestro interlocutor)radica, básicamente, en corregir nuestros errores a partir de los que vemos en el otro. Si nos parece que "el otro" carece de amor en su corazón, el espejo que es ese otro ser nos muestra que somos nosotros quienes estamos carentes de un verdadero y pleno sentimiento de amor en nuestro ser interno. Es simple: se trata de poder ver y aceptar que el defecto que vemos en la otra persona no es más que un reflejo del defecto propio. Entonces, sólo es menester ver, aceptar y corregir poco a poco nuestras propias imperfecciones, vibrar cada vez más alto, ser conscientes de la realidad de ser puro amor en todo momento. Si nos lo proponemos y logramos, siempre vamos a poder corregir nuestros desaciertos, reprogramándonos hasta habituarnos a sentir, antes que pensar y decir u obrar. 

Hasta la próxima.

Siempre les abrazo con Luz de Amor.
Bersida     

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